Todas las maneras de ser tienen una explicación.

Se podría explicar la forma de ver la vida, de enfrentarse a los problemas, el carácter de cada persona estudiando su pasado; su genética, sus circunstancias, su educación.

Al final, nadie tiene la culpa ni el mérito de ser como es.

Pero

en qué momento

estas características, a veces recurrentes, nocivas, obsesivas, son simples consecuencias de una vida  sin más importancia que eso,

y en qué momento pasan a ser traumas.

Cuándo pasa uno a merecer más atención, cómo se sabe, quién lo dice.

“El niño es portador de un espantoso secreto y vive en un constante miedo a que lo vean, a que con algún fallo adivinen la existencia de esta persona indigna que tienen dentro de si”


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