Solo se va unos segundos cuando vas en coche con la ventana abierta y suena buena música, o cuando te tumbas sobre la tierra en el campo, o cuando por fin vas al baño después de horas aguantándote.
Son segundos.
Y se supone que hay que guardarlos bien en la mente para recurrir a ellos el resto de las millones de horas que te sentirás eternamente incompleta.
Está fatalmente proporcionado, perdona que te lo diga Dios…
Y hoy te miras y piensas que estás más afectada que nunca respecto al tema, pero mira atrás. Casi todos los días has tenido esa misma sensación, y ya se te ha olvidado. Mejor no hacer balance porque probablemente signifique que esto siempre ha estado ahí, que se va a quedar.
Y no puedes quejarte porque probablemente a todos les pase y míralos, tan callados. Tú quejica.
Pero quién se atreve a preguntarles si la mayor parte de las veces mienten, disimulan, o no saben expresarse, o ni saben que les pasa.
Y tú ahí, una entre 7.000 millones, la única que se queja.

