Y no soy nada más que un mamarracho que solo intenta huir de sus temores.

Últimamente me ha dado por opinar que hacer a veces mal las cosas no es cosa tan mala. La humanidad se dedica a  justificar sus actos y adjudicarles posteriormente innumerables y aparentemente coherentes explicaciones inventadas. La cosa va de intentar hacer creer al mundo que lo que has hecho no ha sido un simple error humano, sino una actuación meditada. Por supuesto yo ya he hecho mi personal psicoanálisis de aficionada, de esos que hago a puñaos con cada rastro de vida humana que detecto, como el que está comiendo pipas en un banco.

Y me pregunto si seré tan distinta al resto de la humanidad de mi clase, si seré peor, una niñata despistada e inconsciente que no se plantea sus futuros actos. Una sabionda que no para de equivocarse y que no encuentra ni busca explicaciones a los errores cotidianos. Que, de hecho, no considera errores un millón de detalles. Que se siente abrumada ante la cantidad de factores que la sociedad te exige que tengas en cuenta para ser completamente aceptada,que los siente  inabarcables y carentes de importancia.

Hoy mi vida se reduce a mi módulo, tiroides, y esta semana, partes blandas. A los amiguitos de Lora y Sevilla los veo los fines de semana y poquito. Así que efectivamente cuando hablo en general así como hace David en los eventos, todos los millones de personas que leéis esto sabéis en realidad que me estoy refiriendo a lo que veo en mi clase día a día.

No puedo hablar mucho más porque el círculo de aludidos se reduce y me juego la convivencia, solo puedo escribir que no paro de corroborar día a día que cuánto más aprendo más consciente soy de lo que no sé.

Y otra cosa.

He observado que la gente común se dedica a contar cosas, historias pasadas, anécdotas, batallitas en general que no interesan a nadie, además cosas muy largas, demasiado, y la gente más inquieta habla de ideas, pensamientos, curiosidades y cosas de este tipo. Fijaos.

Advertisement