Yo quería una ecosfera de 300 euros, ponerla en la ventana y observarla durante horas con mi lupa de 100 euros, que utilizaría para examinar cada poro de todo aquello que llegara a mis manos. Pero mi madre me regaló un llavero por mi 18 cumpleaños; un tacaño halo de no gastar invade mi alma y mi cuerpo desde entonces.
Y eso es todo.
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